TENDENCIAS AL MALTRATO
La mujer y yo contiene 47 poemas que son 47 posibles formas de amar, el poema número 13 nos habla de una de esas formas, la sujeto de este poema, sostenida por mecanismos inconscientes, se comporta, digamos, de manera agresiva frente a él. Ella lo maltrata, se maltrata para no darse cuenta de que es imperfecta, por tanto mortal. Él para ella no es él, sino una parte de ella, una parte inconsciente de su constitución.
La anatomía es el destino, podríamos decir glosando una frase de Napoleón. El clítoris de la niña se comporta al principio exactamente como un pene; pero cuando la sujeto tiene ocasión de compararlo con el pene verdadero de un niño, encuentra pequeño el suyo y siente este hecho como una desventaja y un motivo de inferioridad.
Durante algún tiempo se consuela con la esperanza de que crecerá. La niña explica a su falta de pene suponiendo que en un principio poseía un pene igual al que ha visto en el niño, pero que lo perdió luego por castración. Sin embargo, atribuye a las otras mujeres, de completo acuerdo con la fase fálica, un genital masculino completo. Resulta, pues, la diferencia importante de que la niña acepta la castración como un hecho consumado, mientras que el niño teme la posibilidad de su cumplimiento.
La niña pasa -podríamos decir que siguiendo una comparación simbólica- de la idea del pene a la idea del niño. Su complejo de Edipo culmina en el deseo, retenido durante mucho tiempo, de recibir del padre, como regalo, un niño, tener de él un hijo. Experimentamos la impresión de que el complejo de Edipo es abandonado luego lentamente, porque este deseo no llega jamás a cumplirse. Los dos deseos, el de poseer un pene y el de tener un hijo perduran en lo inconsciente intensamente cargados y ayuda a preparar a la criatura femenina para su ulterior papel sexual.
Este periodo fundamental de la constitución de la sujeto marcará toda su vida, reafirmándose en ella su sexualidad, y recordemos que Freud cuando habla de sexualidad, se refiere a todo aquello que esté tocado por la palabra, también la genitalidad.
¿Cómo podemos relacionar la evolución sexual de la mujer con las tendencias al maltrato que inconscientes persisten de manera constitutiva en ella como ser humano? Los primeros versos nos traen esta imagen: Sufrir, según los pensamientos que ella traía,/ tal vez, desde su más delicada infancia,/ a veces quedaba bien y, a veces, quedaba mal./ Por lo tanto, cuando sufrir se hacía necesario,/ se debía sufrir con toda las fuerzas posibles,/ con el alma y el cuerpo y, aun, los ideales.
Menassa en el Oficio de Morir dice: La ideología es el tiempo donde se desarrollan los hechos de la vida. ¿Ideología = Complejo de Edipo?
En el masoquismo el dolor pasa a ser un fin, no una señal, esto supone una paralización del principio del placer, Freud nos dice el guardián de la vida anímica ha sido narcotizado.
Todo displacer habría, pues, de coincidir con una elevación; todo placer, con una disminución de la excitación existente en lo anímico. Pero, el placer y el displacer no pueden ser referidos, por tanto, al aumento y la disminución de una cantidad a la que denominamos tensión del estímulo, aunque, desde luego, presenten una estrecha relación con este factor.
El masoquismo se ofrece de tres formas distintas: como condicionante de la excitación sexual, como una manifestación de la femineidad y como una norma de conducta vital.
El masoquismo erógeno, o sea el placer en el dolor, constituye también la base de los dos restantes.
La tercera forma del masoquismo, la más importante, ha sido explicada por el psicoanálisis como una conciencia de culpabilidad, inconsciente en la mayor parte de los casos. El poema nos trae un claro ejemplo en la segunda estrofa: Ella daba fe de hacerlo todo a conciencia/ y mientras se culpaba del hambre de los pobres/ y de la violenta prostitución en Estados Unidos,/ rompía mis poemas, mis cartas, algo de dinero/ y se lavaba las manos compulsivamente.
El masoquismo femenino descrito reposa por completo en el masoquismo primario erógeno, el placer en el dolor.
El masoquismo primitivo pasa por todas las fases evolutivas de la libido y toma de ellas sus distintos aspectos psíquicos. El miedo a ser devorado por el animal totémico (el padre) procede de la primitiva organización oral; el deseo de ser maltratado por el padre, de la fase sádico-anal inmediata; la fase fálica de la organización introduce en el contenido de las fantasías masoquistas la castración; más tarde, excluida de ellas y de la organización genital definitiva, se derivan naturalmente las situaciones femeninas, características de ser sujeto pasivo del coito y parir.
El masoquismo moral resulta singular, por mostrar una relación mucho menos estrecha con la sexualidad y nos induce a interpretar el sentimiento inconsciente de culpabilidad como una necesidad de castigo, un deseo de ser maltratado, podemos decir entonces, que el masoquismo moral coincidiría con la fase sádico anal, en el periodo preedípico. A todos los demás se enlaza la idea de que provengan de la persona amada o sean sufridos por orden suya, limitación que falta en el masoquismo moral.
En este lo que importa es el sufrimiento mismo aunque no provenga del ser amado, sino de personas indiferentes, incluso de poderes o circunstancias impersonales.
Ella en el poema llora y exclama: ¡En qué mundo vivimos! No es tan malo estar vivos le contesta él, consiguiendo ante la respuesta la confesión de su drama: Estar vivos, estar vivos, como si esto que vivimos fuera vida. No puede tolerar estar viva, provenir de padre y madre, ser mortal. Sufrir es el mayor goce que ella experimenta y toda la compleja armadura que este sufrimiento supone, se ve forjada por su más temprana infancia, como acabamos de ver, desde la fase preedípica.
La tendencia masoquista del yo permanece casi siempre oculta a la persona y ha de ser deducida de su conducta.
Sobre la sexualidad femenina podemos decir que para ella el primer objeto fue la madre: ¿Cómo entonces halla su camino hacia el padre? ¿Cómo, cuándo y por qué se desliga de la madre? Hemos reconocido que el desarrollo de la sexualidad femenina se ve complicado por la necesidad de renunciar a la zona genital originalmente dominante, es decir, al clítoris, en favor de una nueva zona, de la vagina. Ahora, una segunda mutación semejante -el trueque del primitivo objeto materno por el padre- nos parece no menos característica e importante para el desarrollo de la mujer.
Sabemos que las mujeres dominadas por una fuerte vinculación con el padre son harto numerosas y que no por ello necesitan ser neuróticas.
Siempre el mismo cobarde igual que tu padre, le dice ella, él reflexiona: Ella, claramente no hablaba de mi padre/ más bien habla del padre de otro hombre. Pero ¿de qué padre habla la mujer del poema?
Podemos destacar dos descubrimientos nuevos en Freud primero, que la fuerte dependencia paterna en la mujer asume simplemente la herencia de una vinculación no menos poderosa a la madre, y segundo, que esta fase previa persiste durante un tiempo mucho más largo del que habíamos presumido.
El amor del niño es desmesurado: exige exclusividad, no se conforma con participaciones. Ella lo quiere todo de él, le exige exclusividad. Pero posee también una segunda característica: carece en realidad de un verdadero fin; es incapaz de alcanzar plena satisfacción, y esa es la razón esencial de que esté condenado a terminar en la defraudación y a ceder la plaza a una actitud hostil. Podemos decir que ella habla de su padre, ¿fue su propio padre el que no supo darle un pene, un hijo y así, vencer a su madre, quitándole el puesto y es por esto, que es un cobarde?
El deseo con el que la niña se orienta hacia el padre es quizá, originalmente, el de conseguir de él el pene que la madre le ha negado. Pero la situación femenina se constituye luego, cuando el deseo de tener un pene es relevado por el de tener un niño, sustituyéndose así el niño al pene, conforme a la antigua equivalencia simbólica.
Las condiciones de la elección de objeto de la mujer quedan frecuentemente encubiertas por las circunstancias sociales. Cuando tal elección puede ser libre se desarrolla, muchas veces, conforme al ideal narcisista de hombre que la niña ha permanecido en la vinculación al padre, o sea, en el complejo de Edipo elegirá conforme al tipo del padre.
La hostilidad que ha quedado rezagada persigue a la vinculación positiva y ataca al nuevo objeto. El marido debía heredar la relación con el padre, pero hereda, en realidad, la vinculación con la madre. De este modo, sucede fácilmente que la segunda mitad de la vida de una mujer aparezca consagrada a la lucha contra su marido, como la primera, más breve, a la rebelión contra su madre. Una vez exhaustivamente vivida esta relación, un segundo matrimonio puede resultar mucho más satisfactorio.
Freud nos dice: Si queréis saber más sobre la feminidad, podéis consultar a vuestra propia experiencia de la vida, o preguntar a los poetas, o esperar a que la ciencia pueda procuraros informes más profundos y más coherentes.
Pero que le pasa a él: El poema nos muestra un hombre que manifiesta sentir celos porque cree que ella, habla del padre de otro hombre. No es difícil ver que, los celos, se componen esencialmente de la tristeza y el dolor por el objeto erótico que se cree perdido, de la ofensa narcisista en cuanto nos es posible diferenciarla de los elementos restantes, y, por último, de sentimientos hostiles contra el rival preferido y de una aportación más o menos grande de autocrítica que quiere hacer responsable al propio yo de la pérdida amorosa.
Estos celos nacidos de circunstancias actuales, poseen profundas raíces en lo inconsciente, continúan impulsos muy tempranos de la afectividad infantil y proceden del complejo de Edipo o del complejo fraterno del período sexual. Para él su padre es el mejor, lo tiene idealizado. Pero debemos destacar algo importante sobre los celos, indirectamente son las palabras las que los producen, porque toda frase se sostiene sobre fantasmas que son despertados por la frase. En el hombre todo es así, no son las palabras o las acciones los que me producen cosas, sino los fantasmas que se despiertan con la palabra o la acción. NOCHE 301 – Toda relación con el monstruo se hace imposible. Una vez saciada su voracidad, el monstruo se vuelve, aun más voraz. Es en esta encrucijada donde debemos matar al monstruo.
Y por si les queda alguna duda leo la NOCHE 520 – El asunto de la mujer cada vez lo entiendo menos. Ella me dice soy una esclava y yo le contesto ¡qué barbaridad! en la época de los viajes espaciales.
Y eso no es nada doctor, dijo ella para terminar, cuando se me ocurre enamorarme de un hombre no puedo ser yo misma nunca jamás.
Actualizado (Lunes, 13 de Diciembre de 2010 11:00)








