ES UN MOMENTO DE CREACIÓN INFINITA
Puesto que de comenzar se trata, qué mejor comienzo que los dos primeros versos del poema: “Es un momento de creación infinita,/ me dijo, estoy a punto de morirme”. Dos versos donde se plantea una cuestión trabajada en la escritura de Menassa. Creación y mortalidad se relacionan en varios momentos de su obra, un ejemplo es el comienzo del poema Arte poética: “Poesía, lo sé, mientras te escribo,/ dejo de vivir.” Comienzos ligados a la creación y a la muerte, puntos desde los cuales podemos leer que hubo un comenzar.
Los escritos de Menassa nos muestran ese lugar donde el hombre ha de morir para que la escritura haga de él un poeta. Morir de sí mismo, de su vida, dejar de ser. Para ser humano hay que ser palabras y no vale sólo con hablar también hay que escribirlas.
En 1982, Madrid, recordamos lo que dice el primer párrafo de la Declaración de Principios:
“No soy idéntico ni siquiera a mí mismo, trazo sin sustancia, soy Ello capaz de engendrar lo que circula.
Desfiladero material de la muerte, las palabras; después todavía, hablar, escribir, amar. Este tiempo es el tiempo de la creación, y no porque iremos a poner flores a ningún muerto, sino porque el hombre está en condiciones de afirmar que hablar, escribir, amar, son en realidad el mismo acto, el mismo verbo, ya que existe una simultaneidad, un tiempo diferente donde un acto concebido como generado en esa triple articulación, es lo que se ha dado en llamar desde antaño, sin entrar nunca en sus verdaderos mecanismos de producción, acto poético, es decir, producir lo que sólo existirá después, y es aquí, donde Poesía y Ciencia se confunden, podríamos decir, en un abrazo mortal para ambas.”
Debemos delimitar la palabra tiempo, tiempo del inconsciente que nada tiene que ver con el tiempo cronológico, en psicoanálisis el tiempo es el futuro anterior y, he ahí la paradoja, el sujeto está determinado desde el futuro, lo que determina la vida del sujeto es algo que todavía no ocurrió: su propia muerte. Y esa es toda la falta del sujeto.
Determinados por el futuro, comenzar resulta más llevadero, más al alcance de un mortal. Iniciar algo también es morir, dice Menassa.
Este poema va a hablar del goce, de una mujer a la que el goce la sobresalta, mujer sobresaltada por la muerte, sobresaltada por la palabra. Es porque somos capaces de gozar que nos sabemos vivos.
El goce es lo que se consigue con la pulsión, esa máquina que hace al hombre vivir a la deriva de sus palabras, el deseo es el límite a la pulsión. ¿Libres o encadenados? ¿Condenados a la miseria del cuerpo? ¿Sometidos a la nada que nos hace humanos, la palabra?
Esto lo expresa Menassa de la siguiente manera: “Sólo pueden amar o sufrir, por no poder amar, aquellos seres que hayan nacido de padre y madre humanos, distintos pero semejantes, sujetos a su vez por haber nacido de la misma manera, es decir, de humanos entre humanos, una carne amorosa y hostil siempre al compás sonoro de las palabras.” (Psicoanálisis y vida cotidiana – MOM 1983)
En este poema también encontramos una definición de libertad: Saber escribir, amar y trabajar.
Para ser libre hay que hacerse mortal. Someterse a las leyes del lenguaje, articular la vida en infinitivo para vivir cada verbo en el proceso de ser producido. Gozar sin preguntarse por qué, sin un para qué. Renunciar al inmortal y destructor abrazo materno, para comenzar todo de nuevo, cada vez, en cada frase.
En el texto Salud y Creatividad (1988) nos dice Menassa:
“Tuve suerte, había sido generado para el goce y gocé. Gocé con mis primeras relaciones amorosas y gocé con mis primeros versos. A partir de ese momento ya nada tiene arreglo en mi vida y mi vida ya no es espléndida, por que si bien ya no padezco ninguna enfermedad, me acosan todas las enfermedades, desde que escribo, desde que hago el amor, mil demonios de dudas me persiguen, porque la muerte en aquel goce hubo de haber realizado su primera movida.
Os hablo, curtido por ese desgarramiento de haber abandonado el goce primitivo, la salud primitiva en brazos de mi madre, para ser escritor, para ser un amante, situaciones humanas por excelencia, que por tales, desde sus inicios están condenadas a morir. Abandonar, os digo, para ser escritor, el dulce balanceo de sus brazos, para sumergirnos en los terremotos cósmicos del lenguaje, donde la palabra más que reinar, cuestiona todo reino aún cuando nos dice que el amor no son los acontecimientos de la noche pasada sino las palabras en esta clara mañana llena de porvenir, es decir, otras palabras.”
Abandonar el goce con la madre, ya que otro es el goce después de la ley sexual, de la castración, y como dice Lacan: La castración quiere decir que es preciso que el goce sea rechazado para que pueda ser alcanzado en la escala invertida de la ley del deseo.
Encontramos una diferencia, un escalón, donde la mujer puede con su trabajo, si lo desea, modificar el mundo.
En Apocalipsis Cero 17-18 leemos: El goce de la mujer y de la poesía son dos acontecimientos, no hablan. Ese no hablar del goce de la mujer y de la poesía es; no tienen discurso, no se pueden contar, no se pueden utilizar para nada.
Frente a esta frase me pregunto: ¿Qué es el goce? Lacan responde: El goce es lo que no sirve para nada. Se goza por condición de gozante, no por obligación, nadie me obliga a gozar.
En los textos de Menassa se puede ver que trabaja la cuestión del goce, podemos decir que las claves del goce las tiene la mujer y las claves del trabajo y de la guerra las tiene el hombre. En este libro aparece repetidas veces confirmada esta situación. En el poema 35 ella ocupada en su goce, ese que la sobresalta y que la hace creer que va a morir, no puede escuchar que él tiene para ella la fórmula de la libertad. Ella prefiere permanecer misteriosa ante él.
En 1915 Freud escribe Las pulsiones y sus destinos, en este texto nos dice que el fin de la pulsión es siempre la satisfacción, es decir, siempre se satisface. Rodear el objeto es el medio por el cual la pulsión puede alcanzar la satisfacción. El deseo no tiene objeto quiere decir que cualquier objeto, puede ser objeto de deseo.
Freud diferencia pulsión de instinto y es precisamente la palabra, el lenguaje lo que marca la diferencia, que el hombre tenga la capacidad de hablar es lo que le hace mortal.
La pulsión es una magnitud de exigencia de trabajo, un fuerza constante. Hay en el hombre una tensión de exigencia de trabajo que le hace humano.
La satisfacción no es llegar a la meta sino su movimiento. Aún cuando no se llega, hay satisfacción. Es decir, que el sujeto siempre goza, hasta en el síntoma hay un goce para el sujeto.
Hacia la mitad del poema, él dice: “ya eres libre. Ya sabes escribir, amar y trabajar y eso es lo que necesita una mujer para poder producir su propia libertad.”
Libertad que se logra encadenándose al trabajo, al amor, a la escritura, y por las dudas nos lo explica, quizá para convencernos, para darnos un motivo. Es como si la mujer no pudiera hacer más allá de lo por conseguir, de lo por lograr.
Sigo leyendo: “Escribir para que sea posible la vida. Amar para poder construir el mundo en el cual habremos de vivir, pensar y trabajar para que símbolo y carne no puedan confundirse nunca más.”
Escribir para, amar para, trabajar para... Tres infinitivos seguidos de la preposición para; pre posición, antes de la posición. Para la mujer es importante saber qué posición le otorga ese verbo antes de llevarlo a cabo, a donde la lleva. Siempre hace las cosas para algo, se pregunta ¿Qué voy a conseguir si doy ese paso?
El amor es dar lo que no se tiene a quien no es. Concebir la realidad bajo esta frase posiciona al sujeto en un lugar frente al mundo. Él, bajo esta concepción del amor, le propone un mundo diferente, posible de ser gozado pero ella cree que la libertad, de la cual ya es capaz, es porque él la va a abandonar. Hay diferencia entre creer que el mundo me debe, como la mujer del poema, o creer que yo le debo al mundo. Que hubo otros antes de mi nacimiento y que más allá de mi muerte también otros, semejantes pero diferentes, seguirán viviendo.
Hemos dicho que el fin de la pulsión es siempre la satisfacción, que sólo puede ser alcanzada por la supresión del estado de estimulación de la fuente de la pulsión. Pero aún cuando el fin último de toda pulsión es invariable, puede haber diversos caminos que conduzcan a él, de manera que para cada pulsión pueden existir diferentes fines próximos susceptibles de ser combinados o sustituidos entre sí.
Cuando la realidad, imaginada o simbólica, no permite la satisfacción de la pulsión, el sujeto busca la satisfacción en la fantasía.
Las fantasías son como realizaciones de deseos, y los deseos impulsores de dichas fantasías se pueden agrupar en dos direcciones, deseos ambiciosos o deseos eróticos; estos últimos atribuidos más directamente a la mujer, podríamos decir que se manifiestan sin rodeo alguno, aspiran al amor. En el hombre los deseos eróticos requieren un rodeo en sus fantasías, es decir, los deseos ambiciosos que revelan las hazañas fantaseadas, obedecen tan sólo al deseo de gustar a una mujer y ser el elegido por ella.
Pero ¿Qué ocurre cuando la realidad del sujeto no permite la satisfacción de la pulsión y este busca la satisfacción en la fantasía?
En primer lugar debemos distinguir la realidad psíquica de la realidad material, la realidad de su deseo, de la del mundo exterior. Cuando el sujeto huye de la realidad, la manera de resolver es a través de la enfermedad. Tampoco se debe anticiparse a la realidad ni retrasarse, ya que en la anticipación se produciría el dolor, por no encontrar en la realidad lo esperado, y en el retraso la alucinación, ya que algo que ya sucedió lo pospongo.
La última estrofa del poema nos muestra varias posiciones frente al goce, lo que diferencia una manera de otra es lo producido. Para que haya producto tiene que haber materia prima, y un trabajo que transforme esa materia prima en algo que nada tenga que ver con ella.
Por tanto, aunque enfermar requiera de un trabajo psíquico, no produce en la realidad, en el mundo los mismos efectos que produciría la sublimación, por ejemplo, que es otro modo de alcanzar la satisfacción de la pulsión.
El poema nos vuelve a repetir la fórmula de la libertad, sabemos que tan sólo se aprende por repetición, dice: “En cuanto a la poesía y al amor, si fueras capaz de entender la fuerza del trabajo, te daría plena libertad. Puedes escribir mejor que yo si lo deseas, y puedes amarme todo lo que quieras.”
Desde la propuesta, desde la libertad de estar encadenado al trabajo, cualquier ser humano, si lo desea, puede con sus manos, modificar el mundo. Pero si no nos alcanza con tanta libertad, con el derecho de ser hablantes, de someternos a las leyes del lenguaje; si negamos o forcluimos la ley que nos hace deseantes, el sujeto puede optar por la enfermedad.
Negar mi realidad de deseante me lleva a la neurosis, posición reflejada en los siguientes versos del poema: “Y si no te alcanza con tanta libertad puedes escribir peor que yo y puedes amar otros amores o condenarte a vivir con los ahorcados o encerrarte en tu habitación, limpiando los collares y los aritos de oro y planchando la blusita azul y blanca que usaba tu madre antes de morir.”
El neurótico no es que niegue la realidad, se limita a no querer saber nada de ella. Por eso, se protege, evita ese trozo de realidad. El neurótico busca en el pasado lo que no encuentra en el presente y lo hace a través de las fantasías.
El psicótico no sólo niega la realidad sino que además intenta sustituirla, forcluir la ley de los humanos y querrá crear un mundo nuevo.
De esta manera llegamos al final del poema donde leemos: “También puedes, si quieres, romper todos mis besos, quemar todas las cartas, hacer añicos los bordados del tiempo y comenzar, sola, desde el comienzo, todo de nuevo.”
El psicótico busca en la fantasía los materiales para la construcción de una nueva realidad, pero para sustituir la realidad exterior por este mundo fantástico.
Freud en uno de sus textos nos acerca un concepto de salud, dice: “Llamamos normal o “sana” una conducta que reúne determinados caracteres de ambas reacciones: esto es, que no niega la realidad, al igual de la neurosis, pero se esfuerza en transformarla, como la psicosis.”
O, como dice el poema, puedes escribir mejor que yo, si lo deseas, sabiendo que él es un escritor y que sólo con trabajo se consigue ser escritor.
Para terminar quiero volver al comienzo, porque aunque es el punto final lo que cierra, lo que da sentido, después de la escritura el sujeto siempre se modifica, siempre es otro lector: “Es un momento de creación infinita, me dijo, estoy a punto de morirme.”
La intención de volver es para mostrar lo que creo haber entendido; ser mortal, que no tiene nada que ver con morirse, implica un goce finito, que se produce cada vez y que no sirve para nada. Sólo si el goce es finito, la creación puede ser infinita. Sólo si soy mortal puedo vivir como un inmortal.
Actualizado (Lunes, 13 de Diciembre de 2010 11:01)








