MUJER, TRABAJO Y 20 AÑOS DEL GRUPO CERO
Todo hombre, toda verdad, lleva una mujer dentro de sí.
Esa evidencia, a veces, me hace temblar.
Miguel Oscar Menassa
Estamos celebrando los 20 años de la fundación de la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero y lo hacemos de la mejor manera que conocemos; escribiendo. Mostrando desde la escritura; producto efecto de un trabajo, el recorrido que nuestra escuela viene elaborando desde que Miguel Oscar Menassa, fundador junto con otros, y en la actualidad Director de la misma, escribe en junio de 1981 el Acta de Fundación, tomando la ciudad de Madrid como escenario, sede internacional de la Primera Escuela de Psicoanálisis Cero.
Aprovechamos pues la ocasión para agradecer a la Escuela, a su Director y a todos sus integrantes la posibilidad que desde el psicoanálisis se nos brinda, producir en esta oportunidad un escrito donde Mujer, Trabajo y 20 años del Grupo Cero son la luz que nos muestra que todo es posible, la realidad como metáfora de todo lo posible. Es decir, en el comienzo de nuestra trayectoria nosotras no éramos mujeres, Freud nos indica que una mujer no nace mujer, se hace: por tanto, nosotras somos producto efecto de los 20 años Grupo Cero. Creíamos dominar con nuestro trabajo el mundo, pero después de tanto tiempo sabemos que el mundo no se puede dominar y que el trabajo se agota en el producto que produce. Lo que produce es un valor de uso, es decir un valor tal que parta de la propiedad de la cosa y que pueda ser utilizado en cualquier demanda humana en el orden de la necesidad y en el orden de la fantasía.
Nos hemos encontrado con textos prepsicoanalíticos donde se muestra claramente que lo que menos convenía para las mujeres eran las conversaciones, las relaciones con otras mujeres, y por supuesto con hombres, tanto personales como epistolares pero tampoco les eran otorgada la posibilidad de encontrarse sola, para evitar que pensara y se viera tentada, suponemos que a la masturbación, por el contrario le era recomendado y hasta impuesto permanecer al lado de su madre, en la cual tenía que confiar plenamente. Se le prohibía hablar y escribir, hasta que tras una importante selección encontrase al varón que la acompañaría hasta la muerte y al cual tenía que ser fiel.
La historia nos nuestra a la mujer como mercancía, el papel de la mujer en los siglos pasados ha sido el de madre y esposa, pasando de la economía de los padres a la economía del marido, siendo su principal producto el de la reproducción, su papel el de la perpetuación de la especie. La familia funciona como una estructura para ella donde se refugia en un intercambio que las mujeres han practicado durante siglos: amor a cambio de amor, amor a cambio de comida para ella y su prole, y ahora trabajo a cambio de amor.
Se le prohibía toda sexualidad, entendiendo sexualidad no como genitalidad sino en el sentido que le da el psicoanálisis, es decir como producción, no como reproducción.
No existía para ella otra sexualidad y era como un ser inferior al hombre, en tanto en cuanto sus facultades intelectuales no daban cuenta de un desarrollo como las del hombre. La represión sexual que ella sufría equivalía a una represión intelectual. Menassa nos explica en su libro “Siete conferencia de psicoanálisis en la Habana, Cuba” lo que el psicoanálisis entiende por sexualidad y dice: “Sexualidad para el psicoanálisis es todo aquello que el hombre toca con su palabra, es decir que la única sexualidad humana, a diferencia de la sexualidad animal, es que el hombre habla. Por lo tanto, sexualidad para el hombre, también sus relaciones genitales, serán relaciones sexuales siempre y cuando el hombre las toque con sus palabras”.
Pero la relación sexual no existe porque no hay adecuación, adecuación que es a nivel del lenguaje, por eso que en los encuentros se producen desencuentros.
Sólo cuando para la sociedad fue necesaria más mano de obra, se produce el acercamiento de las mujeres al mundo laboral; guerras, revolución industrial, etc,...Pero estos movimientos sociales no aseguraban la integración de las mismas en el mundo laboral, allí las mujeres se enteran de que además de la familia existe el trabajo, la guerra y eso genera en ellas un conflicto entre producción y reproducción, entre reproducción de hijos y producción de goce, entre maternidad y sexo. Conflicto generado por la castración.
Por eso que hemos dicho antes que la mujer era mercancía, se le daba un valor cuando era necesario, pero al terminarse la necesidad la mayoría de las mujeres volvieron al hogar para seguir ocupándose de los hijos y del esposo, es una mercancía que genera el intercambio. Frente a esta situación la familia gana de nuevo.
La mujer nace como un hecho cultural, nace como mercancía, Menassa dice: “...nace en una relación de producción entre Adán y Dios. Nace de un trabajo entre dos hombres, nace de una relación productiva, como mercancía, por eso que se puede intercambiar. Por eso que la mujer fue factor de intercambio en todas las sociedades.”
Marx introduce el concepto de plusvalía que se genera cuando el producto del trabajo excede en su valor el trabajo medio necesario para ser producido. En este momento se funda el capital, y aparece el valor de cambio en las mercancías y se enajena su valor de uso. El valor de cambio, lo más notable, lo más aparente de la mercancía, es en realidad la forma de mostrarse, la forma de escenificarse de esa mercancía. Por tanto el valor de cambio de la mujer hasta que Freud le da la posibilidad de hablar y el Grupo Cero la de escribir, era la reproducción.
Para el psicoanálisis el nivel simbólico es el nivel del lenguaje, por tanto cuando Freud le dice a la mujer que hable, la introduce en el orden simbólico, donde los significantes se deslizan en cadenas, en un mundo de humanos: podemos decir que el psicoanálisis hace a la mujer humana. A partir de este momento puede ser otra cosa, tiene la posibilidad de ser trabajadora. Por otro lado la escritura produce la historia, escritura como realidad, posibilidad de cambio. Grupo Cero ofrece a la mujer la posibilidad de escribir, con ello le hace formar parte de la historia, construir una nueva realidad, pasar de lo social-mítico a lo social histórico. Es sobre lo escrito que se avanza. El Concilio de Trento otorga a la mujer el alma, diríamos que se la animó. Pero la historia de la palabra “mujer” empieza cuando Freud la introduce en el genero humano desde sus textos dándole la palabra.
Para Lacan la mujer no existe, es decir, la mujer no tiene identificación en singular, sino identificaciones como un abanico abierto a la pluralidad que nos indica que no hay un rasgo para identificarla y que es imposible definir un modelo femenino.
Amelia Díez Cuesta, segunda mujer que recibe el Premio a la Mujer Trabajadora, que cada año tuvo que empezar a otorgar, con tanto trabajo de parte de las mujeres, la Asociación Pablo Menassa de Lucia, nos da en las palabras que pronunció el mismo día de recibir el premio una definición de Mujer trabajadora: “Una mujer trabajadora quiere decir alguien que no sólo trabaja por amor o para que la amen, sino alguien que trabaja para el orden del deseo humano, pues sabemos que no hay mal de amores sino mal del deseo. El deseo siempre trascurre entre palabras, entre él, ella y el mundo, mientras que el amor es siempre a uno mismo.”
Miguel Oscar Menassa ha trabajado desde siempre la cuestión de la mujer . En una conferencia de 1983 dictada en Madrid titulada “Psicoanálisis y Vida Cotidiana” habla del surgimiento de una doble moral sexual cultural, como para desligarnos de la moral sexual cultural donde se permite la procreación dentro de los márgenes establecidos como legales. Doble moral cultural que afecta tanto al hombre como a la mujer. La cual se ve frente a tres alternativas: la insatisfacción sexual, la infidelidad o bien – y por último- la enfermedad mental. Moral sexual cultural que nos rige actualmente, funcionando estos modelos ideológicos en nosotros inconscientemente.
El psicoanálisis y con él el Grupo Cero trae para la mujer un modelo, una nueva posibilidad, donde su destino no es sólo la procreación sino también la creación, la producción, el trabajo. Trabajo que está condicionado por sus leyes. Trabajo teórico, nos dice Menassa, que produce como efecto producto del trabajo el concepto de inconsciente como instrumento. Ya que una vez producida una mercancía, esta puede reingresar al circuito de trabajo como medio o como instrumento de trabajo.
Freud nos trae en la Interpretación de los sueños tres tipos de trabajos:
- El trabajo teórico cuya materia prima es el discurso onírico, trabajo que va operar transformaciones en esta materia prima (como todo trabajo), con instrumentos teóricos. Trabajo que va a producir el concepto de Inconsciente.
- También reconocemos el trabajo práctico técnico de la práctica psicoanalítica, en este caso la materia prima es el discurso del psicoanalizado y como instrumento la teoría, el método y la técnica psicoanalítica en un complejo articulado con el propio saber inconsciente del analista. Produciendo autoconocimiento y autotransformación del psicoanalizado.
- Por último, el trabajo que consiste en una reconstrucción teórica, que es el trabajo del sueño, desde los contenidos a la formación: el trabajo real del sueño.
El trabajo del método psicoanalítico sobre el discurso onírico es lo que hace que el sueño tenga sentido.
Por eso que traemos desde las palabras de Menassa en Freud y Lacan Hablados –1- este desarrollo hecho por Freud en la Interpretación de los Sueños, para mostrar como actúa el psicoanálisis sobre el sujeto, es decir a nivel inconsciente, utilizando como materia prima el discurso del psicoanalizado. Únicamente a través del discurso, eso que durante tantos años le ha estado prohibido a la mujer.
Producción inconsciente que permite al sujeto transformarse, construir en el trascurso del análisis nuevas cadenas significantes que traen para este una realidad distinta. Donde, en el caso de la mujer, se la permite gozar del verbo en su forma infinitiva: hablar, escribir, amar, trabajar, etc...
Desde el psicoanálisis sabemos que la diferencia entre mujer y hombre no es tal diferencia. En la historia del Grupo Cero, es Menassa, quien permitió la introducción de las mujeres en el Grupo, meter la palabra mujer en el Grupo Cero para que haya operación de castración, ya que es la ley de castración la que produce los significantes. Un hombre que no tiene constituido la función mujer no es un hombre, y la operación de castración constituye padre, madre, hombre, mujer, constituye cuatro sexos, cuando no puede mujer no hay verdad de castración para el sujeto, entonces hay cualquier otra verdad, la verdad de religión, de los pensamientos, del amor.
Dice Freud que antes de toda represión secundaria, la represión es constituyente, y que se reprimen significantes, todos tenemos reprimida la representación de la sexualidad femenina, hecho que nos condiciona en nuestro discurso esa representación de sexualidad femenina. Para reprimir la sexualidad tengo que dejar de decir frases. Se leyó que la envidia al pene era lo que sentía la mujer y la amenaza de castración lo que sentía el hombre, pero no es así, la operación de castración es las dos cosas, el miedo y la envidia, esa es la operación de castración.
Después de Freud, Lacan y con la palabra mujer incluida en el Grupo Cero se fueron formando seres mortales es decir que se abrió una puerta a una nueva realidad. Aceptar dos carencias, que el lenguaje nos preexiste y que nos vamos a morir, da a la mujer la posibilidad de la escritura.
En el programa de la Escuela de Poesía Grupo Cero, se presenta la Poesía de la siguiente manera “en su diferencia radical, no equivale a nada posible, su esfera de acción, el acontecimiento, no se puede usar ni vender, pero sin embargo, y no es vano decirlo, ella sólo cobija en su seno a los grandes trabajadores.”
El Grupo Cero como institución en pleno desarrollo ha fabricado y esta fabricando escritores y psicoanalistas, en definitiva, trabajadores para la poesía y para el psicoanálisis.
Dentro de la obra de Menassa nos encontramos a la mujer en sus múltiples formas de expresión: Ella, la poesía, la escritura, la muerte, la locura... Para Menassa mujer y poesía, mujer y escritura son sinónimos que conviven siendo, a veces, un conjunto que copula con su manera de decir. En el libro Las 2001 Noches encontramos Noches como esta: “La poesía suele llegar, a veces, con algo de luz, algo de locura, algo de mujer...”
En el “Oficio de morir” 1983 Menassa nos indica que todavía le falta mucho trabajo a la mujer para no volver a caer en las trampas históricas. Para transformar lo pensado para ella, en un pensamiento posible de otra vida pero sólo con trabajo.
Y él quiere participar al crecimiento, a la aventura mujer para ese siglo: “ Tomaré a la mujer entre mis brazos, porque ese es su deseo. Ella no necesita ser múltiple, se sabe única. Entre mis brazos digo, tratando de dejarla sin respiración. Su goce me dará cierto poder, y a ella le gusta quedarse sin respiración. Con el tiempo le crecerán las alas y querrá volar, y yo le diré que el viaje ha terminado. Ella sin saber qué hacer se quedará en un rincón de mi cuerpo, y eso, por esta vez, será todo. Me imagino que el siglo que viene ocurrirán otras cosas.”
Pero la poesía también trabajó para las ciencias de ahí que encontremos momentos en su escritura donde ciencia y arte forman un conjunto que transformará el mundo: “...antes de todo gran filósofo hubo un gran poeta que fue explotado por el filósofo.”
Y si la escritura, siempre es en posición femenina y la ciencia es La ciencia, podemos pensar que poesía y psicoanálisis son producciones donde la mujer ya es historia gracias al Grupo Cero.
Concepto inconsciente como producto efecto de un trabajo, y si esto es así, entendemos que hasta el amor es un trabajo: “No sólo un trabajo para que el otro se dé cuenta de mi amor, sino un trabajo sobre mí mismo, porque las relaciones que se rompen son aquellas relaciones donde tanto uno como otro permanecen iguales a sí mismo.”
Mujer, Trabajo y 20 años del Grupo Cero, producto efecto de un trabajo, donde la materia prima, los textos de Freud, Lacan, Menassa, se despliegan como un arco iris sobre la mirada de todas aquellas mujeres dispuestas a trabajar para quien no es, es decir a darse cuenta de que el producto de su trabajo se convertirá en materia prima para otros, donde producción ya no es sólo reproducción y donde la sexualidad sea entre palabras encadenadas a otras palabras.
María Chevez fue la primera mujer que publico en la Editorial Grupo Cero, la primera después de la firma del Primer Manifiesto Cero que sólo fue firmado por hombres. Ella inauguró lo que para muchas sería un futuro, este año el Grupo Cero festeja en Las 2001 Noches los 25 años de esta poeta en la poesía. Pero no fue está la única fiesta que el Grupo Cero hizo para felicitar el trabajo de las mujeres.
Amelia Diez recibió el Premio a la Mujer Trabajadora 2001, premio otorgado en su anterior edición a Antonia San Juan la cual nos presentará esta noche su “Versión Original”, Carmen Salamanca, Gerente de la Editorial Grupo Cero fue homenajeada por su trabajo consiguiendo para el 2001 Record de ventas en La Feria del Libro de Madrid. Otros nombres se añaden a esta lista: Lucía Serrano, publica dos libros de poesía a la vez, Paola Duchên presenta su primer poemario y su primer libro de psicoanálisis a la vez, Rosa Puchol recibe el Primer Premio de Poesía de la Asociación Pablo Menassa de Lucia, etc...
Tenemos a estas mujeres y a muchas otras que inauguran un nuevo lugar para el desarrollo de la historia de la palabra mujer, para que nosotras no podamos seguir diciendo “no puedo” y sepamos que, a partir de ahora, estamos en deuda con nosotras mismas.
Muchas gracias a las trabajadoras y al Grupo Cero.








