TRASTORNOS ALIMENTARIOS

Los trastornos alimentarios, considerados una enfermedad en sí misma, desde el psicoanálisis son leídos como un síntoma, es decir, como una señal que nos habla de la existencia de otra problemática que la persona expresa en forma de síntoma, el síntoma para ese sujeto ha sido la manera de “solucionar” dicha problemática.
Pero, sin duda, los efectos producidos en la realidad, hacen creer que el problema es el síntoma mismo, pero si tenemos en cuenta el psíquico humano, podremos producir, con el tratamiento adecuado, una nueva realidad para esa persona y la interpretación y transformación del deseo jugado en el trastorno alimentario.
Tomando como ejemplo la anorexia encontramos variaciones estructurales, psíquicamente hablando, en sus efectos, por eso, podemos discriminar una anorexia histérica, una anorexia paranoica y una anorexia depresiva, con la escucha especializada de un psicoanalista.
En el primer caso, la anorexia histérica, las frases que pronunciará el paciente están relacionadas con el asco a la comida, con las ganas de vomitar ante la comida, en estos casos podemos el asco y los vómitos nos hablan de un conflicto moral.
En el segundo caso, la anorexia paranoica, el temor manifestado por el paciente se mueve en torno al envenenamiento, temor a ser envenenado, contaminado de humanidad por los otros.
En el tercer caso, la anorexia depresiva, como en la depresión, se pone de manifiesto una falta de interés por todo, incluso por la comida, no tienen ganas, no les gusta nada, han perdido el deseo por no aceptar la pérdida en la realidad, de algo o de alguien, o mejor dicho su deseo está puesto en ese lugar.
Refiriéndonos ahora a la obesidad, problema grave a nivel mundial, no por la obesidad en sí misma, sino por el riesgo de enfermedades relacionadas con ella.
Las causas de obesidad son la mala alimentación y la falta de movilidad ¿pero qué lleva a las personas a atentar contra su propio cuerpo? Existen algunas cuestiones psíquicas pueden intervenir en esta alteración de la alimentación, por ejemplo, el miedo a morir de hambre, aunque parezca algo poco razonable, el temor a morir de hambre hace que la ingesta de alimentación resulte excesiva.
El miedo a la soledad puede ser otra de las cuestiones en juego en la obesidad, se utiliza la comida como una compañía. Otras personas manifiestan en su gordura un egoísmo desmedido, lo quieren todo para ellos, en este caso, ese “todo” lo ponen en la comida, además, pueden ser personas ambiciosas, pero con poca capacidad de trabajo, en vez de ambicionar algún proyecto de vida, que les permita crecer, crecen a lo ancho.
En los trastornos alimentarios el psicoanálisis es un tratamiento muy efectivo, ya que además de tener en cuenta el cuerpo, tiene en cuenta el sujeto psíquico, cómo esta afectada la persona emocionalmente en su discurso.
Actualizado (Miércoles, 22 de Diciembre de 2010 08:17)









