claves para educar a tus hijos

Las cuatro claves para educar a tus hijos

Las cuatro claves para educar a tus hijos

Lo primero que debemos señalar es que son los niños los que aprenden, la educación entonces pasa por el aprendizaje y para que sea posible dicho aprendizaje, debemos motivar el deseo por aprender, no se trata de imponer o de obligar a hacer las tareas o a efectuar el estudio, sino que se trata de trasmitirles a nuestros hijos el deseo que adquirir nuevos conocimientos. Mostrarles que antes de emprender cualquier actividad uno no sabe nada de ella, aprender a tolerar no saber es fundamental, decirles que solo con trabajo, la lectura o trabajo prácticos, seremos capaces de dominar una materia. El gusto por enriquecernos intelectualmente es una de las mayores satisfacciones que obtenemos del estudio. Acercarles a través de nuestra propia satisfacción, que ellos también pueden ser felices aprendiendo. Lo que se transmite es el deseo por hacer algo, pero tengamos cuidado porque también podemos trasmitir el deseo de no hacer. Si nuestros hijos nos ven leer, podrán aprender a leer, si nos ven discutir, podrán aprender a discutir o a conflictuar.

La función de los padres es la de dejar hacer, haciendo. Siempre dentro de unos límites por supuesto, estos límites han de permitir el movimiento, a veces, con el acierto y, otras veces, con el error. Dejarles hacer, pero si vemos que su vida corre algún peligro, indicárselo e intervenir. Debemos saber que en ocasiones aprendemos más de un error que de un acierto. Esto nos pasa a todos, no somos perfectos ni imperfectos, somos humanos.

claves para educar a tus hijosMuchos padres desean que sus hijos hagan o dejen de hacer lo que ellos mismos hicieron o dejaron de hacer. Los hijos no son una prolongación de los padres, han de desarrollar su propia vida y elegir lo que quieren ser o hacer en ella, les guste o no a los padres. La función de los padres implica, también, establecer algunos límites que le ayuden a elegir un camino productivo y satisfactorio para ellos, donde sean capaces de desarrollar sus deseos y hacer de su vida, una vida donde aprender a resolver sus conflictos y a gestionar sus emociones.

Hoy en día estamos muy acostumbrados a premiar y a castigar, aunque en el fondo sabemos que este método no proporciona una buena educación, son maneras simples de resolver a corto plazo, pero a la larga impiden el diálogo, la reflexión y el desarrollo de la capacidad de decisión.

Cuando se castigan por algo mal hecho, el castigado consigue calmar rápidamente su malestar, la culpa, mediante el castigo mismo, y se siente libre para poder cometer de nuevo alguna fechoría. Este procedimiento puede llegar a hacerse una constante en la vida, incluso arrastramos esta tendencia cuando somos mayores. Es muy importante que nunca se imponga un castigo ligado a una necesidad básica, por ejemplo, la comida. Además, debemos saber que el ser humano se acostumbra a todo, incluso a ser castigado, consiguiendo, en muchos casos, alguna satisfacción del mismo, es decir, que hay veces que los hijos, se portan mal, sólo para recibir su castigo. (Lo mismo sucede con la bofetada o el azote). Lo mejor es aprender a hablar con los hijos y llegar a acuerdos de forma más saludable.