Terapia niños y adolescentes

Terapia niños y adolescentes

Los niños y los adolescentes también tienen problemas. Sabemos ayudarles

La infancia y la adolescencia son etapas muy complejas del desarrollo de la personalidad. Hay varios factores que pueden potenciar un cambio de actitud en los niños y adolescentes, algunas veces, tiene que ver con su propio desarrollo, otras con acontecimientos que les han sucedido o suceden en sus relaciones fuera de la familia, pero, también, los hijos son un reflejo o un detonante de una situación familiar que se pasa por alto.

Características

  • Premiar y castigar
  • Aprendizaje y educación
  • Cómo gestionar las expresiones de agresividad
  • Celos, envidia, frustación, autoestima, sobreprotección, falta de atención, relación con los otros (hermanos, amigos, compañeros de escuela)
  • Adolescencia

Premiar y castigar

Los premios y los castigos son dos formas de educar que a la larga no benefician al desarrollo del deseo.

premiar y castigar a mis hijosLos premios son muy diferentes a la motivación. Motivar tiene que ver con ayudar a la producción del deseo en el otro.

La comunicación, el estudio, la lectura, cualquier actividad lúdica que puede interesarnos va a ser trasmitida a los otros por el simple hecho de realizarla, ya que lo que se transmite es el deseo por hacer.

Si para conseguir el interés por hacer algo en los demás, tengo que premiarle, el fin no va a ser aprender a hacer una actividad concreta, sino a recibir el premio por hacer la actividad.

Cultivar que las relaciones funcionen a través de los premios, no procura la satisfacción que se logra por el simple hecho de llevar a cabo la tarea.

Tampoco funciona la tendencia que los padres tenemos a castigar, ni el premio ni el castigo es algo aconsejado. Ya que, como todos, los niños también se acostumbran a recibir tanto una cosa como otra, incluso el castigo, hay niños que son más rebeldes porque saben que pueden serlo, después del acto rebelde vendrá el castigo que va a calmar su culpa por haber hecho algo malo y ya está, libre de nuevo para poder volver a cometer la rebeldía. No es un método eficaz.

La terapia de familia beneficia la comunicación y la reflexión que evitan métodos poco apropiados o ineficaces.

Algunos padres se creen capaces de gestionar cualquier problema familiar, pero no siempre se obtienen buenos resultados, ya sea por falta de recursos o porque quizá ellos mismos son el origen de lo que reflejan sus hijos.

Aprendizaje y educación

No todos los niños aprenden de la misma manera o al mismo ritmo. Las capacidades de los niños han de ser trabajadas, no hay nada dado de antemano, es trabajo.

Muchos niños y adolescentes llegan a la consulta con trastornos del aprendizaje. La educación de los hijos:

  • Depende de su deseo por aprender.
  • La función de los padres es la de trasmitirles el deseo por aprender.
  • Todos los seres humanos, pequeños y mayores deseamos deseos.
  • Es a través de la repetición y de nuestro propio deseo como los niños aprenden.
  • Fomentarle al niño sus capacidades les ayuda a mejorar su autoestima.
  • Hay que tolerar el aprendizaje, no exigir la perfección en lo que hace desde el primer momento, todo aprendizaje es individual y requiere de tiempos distintos para cada uno.

Es más eficaz, para que los niños aprendan, mostrarnos implicados y contentos por el trabajo, por el estudio, por la lectura, por la escritura, etc. que imponer disciplinas rígidas que ni nosotros mismos seríamos capaces de cumplir. Aprender debe ser divertido para que se establezca en ellos el goce por el conocimiento, la lectura, la escritura, etc.

Ellos aprenden de lo que ven. Se trata de ocuparse, no de preocuparse.

Cómo gestionar las expresiones de agresividad

Los llantos, las rabietas, los mordiscos, las peleas, la hiperactividad, la desobediencia son expresiones de agresividad muy frecuentes en los niños.

mi hijo tiene rabietas, llora sin parar, no obedeceEn primer lugar, debemos distinguir entre agresividad y agresión. La agresividad es necesaria, siempre va a existir en todos, pero tenemos que distinguir la agresividad de las agresiones, que son efecto de la agresividad pero que también podemos gestionarla sin llegar a que se produzca una agresión. La agresión en ningún caso es justificable.

Debemos tener en cuenta que si los límites están claros la agresividad se va a poder tratar mejor, pero si no hay límites las consecuencias pueden desencadenar una agresión.

Los límites han de ser claros y tenerlos en cuenta nosotros sobre nuestra escala de valores, así debemos actuar. Distinguir lo importante de lo que no lo es. Hay límites que han de ser tajantes y otros límites que se pueden negociar, a través de la conversación, no a través de la imposición de los padres o de la imposición del niño (rabietas, llantos, etc.)

Lo más importante que tenemos que señalar en este punto es que siempre somos nosotros los adultos, que cada vez que nos olvidamos que nosotros somos los adultos, nos ponemos a su nivel, es decir, nos comportamos como otro niño, y actuamos como ellos y lo gestionamos con miedo, con ansiedad, con indiferencia.

Debemos ver qué nos produce esa situación, si nos altera, nos enerva, nos enfada, e intentar darnos cuenta que de esa manera no solo no vamos a resolver la situación, sino que además la vamos a intensificar.

Siempre tenemos que ir por delante con la palabra, decirle que por ese camino no va a conseguir nada, que si se calma y hablamos va a ser mejor. Y si no se consigue nada intentar nombrarle una figura de autoridad.

Normalmente con la mamá se enfada más, se manifiesta con más intensidad, llora más, todo más. Son actores de óscar, porque ella los cree. Cualquier cosa, hasta cuando están malitos, si está mamá cerca escenifica más todo lo que les pasa.

Por supuesto, también debemos señalar que pegar a los niños no es algo aconsejado esto, aunque parezca algo exagerado es algo que nadie nos dice, y los niños, como cualquier persona gozan con todo, se acostumbran a todo, buscan de manera inconsciente recibir el azote en el culito, que algo les satisface.

Celos, envidia, frustación, autoestima, sobreprotección, falta de atención, relación con los otros (hermanos, amigos, compañeros de escuela)

En el crecimiento van a aparecer diferentes fuentes que pueden generar agresividad en ese nuevo ser.

El crecimiento implica la socialización, el encuentro con los otros, la incorporación a la escolarización, el nacimiento de otro hermanito, la aparición de otros niños con los cuales tiene que generan un vínculo afectivo más allá de la madre y el padre.

Estas situaciones fundamentales para el desarrollo del ser humano van a hacer surgir sentimientos novedosos que le provocan cierto malestar.

  • Solemos entrar en comparaciones con los hermanos o compañeritos y eso etiqueta prematuramente una actitud que todavía tiene que evolucionar. Además, provoca celos y frustración, que detienen el desarrollo de esa actividad. En las comparaciones se perjudica a los dos hermanos o compañeros, al que sale bien parado le imprimimos auto exigencia. Pero los celos, si no se utilizan las comparaciones, también pueden ser motivadores, les motivan a comportarse mejor porque el otro niño lo hace o a compartir porque el otro niño lo hace, son indicadores de deseos.
  • La envidia es más destructiva, normalmente se envidia lo que a mí no me sirve y en ocasiones provoca una respuesta agresiva, por ejemplo, destruir los juguetes del compañero.
  • La frustración en muchos casos paraliza, es un incremento de tensión psíquica que el niño tiene que aprender a manejar, buscar una solución. Las repuestas ante la frustración son dos: Sustituir por otra cosa u objeto que le satisfaga. O tener una respuesta que le ayude a gestionar dicha frustración, a veces puede ser una frase, una conversación. La frustración es una señal de la incapacidad de adaptación a la realidad, que se ve muy llamativamente cuando sobreprotegemos a nuestros hijos. La actitud que los padres toman sobreprotegiendo a los hijos incrementa la agresividad que el niño produce frente a la frustración. 
  • La sobreprotección provoca incapacidad en el niño, el niño tiene que ser autónomo, aprender a resolver cualquier situación exterior a él, pero también cualquier malestar o contradicción interior.
  • La autoestima se ve potenciada con los logros personales que el niño va consiguiendo: subir un escalón, comer solito, empezar a comunicarse, el control de esfínteres. El amor es una de las fuentes de autoestima mayores, amar a alguien, poder expresar dicho amor, les hace muy bien a los niños.
  • Falta de atención, los niños quieren ser siempre el centro de las miradas, y en la mayoría de los casos lo consiguen. Cuando no obtienen la atención van a pretender llamar la atención de los que le rodean, en estos casos está bien escucharles y darles atención, pero también tienen que aprender a no recibir dicha atención.

Adolescencia

Esta es una de las etapas más complejas por las que tiene que pasar el niño para convertirse en hombre, en ella aparecen las diferencias que se apoyan principalmente en la diferencia sexual.

Los cambios son infinitos y las sensaciones de surgen en los adolescentes son muy intensas, acompañarlos en estos momentos sin entrometernos muchos en sus cosas, es la forma más adecuada de se genere en ellos la confianza necesaria para que, si les pasa algo, puedan contar con nosotros.

Si los castigos y los premios nunca son adecuados, mucho menos en este momento del desarrollo psicosexual.

Los cambios físicos y psíquicos surgidos en esta etapa, en ocasiones, pueden generar frustración y malestar en el adolescente, manifestándose de forma agresiva y rebelde con los padres, sobre todo si estos pretenden imponer, sin diálogo, normas y comportamientos rígidos, que no son bien recibidos o comprendidos por los adolescentes.

En esta época, más que nunca, debemos dialogar sin presión y sin exceso de preguntas. Permitir a nuestros hijos adolescentes que cuenten con nosotros y quieren. Solo debemos intervenir en el caso de que pongan en riesgo su vida.